En contestación a algunos de los mensajes que hemos
recibido en Karate y Zen interesándose por adquirir mayor flexibilidad,
hemos decidido contestaros con este artículo sobre flexibilidad.
La flexibilidad no es algo que tuviese un papel
precisamente protagonista en el karate tradicional. A muchos
practicantes de karate que empiezan y no gozan de una complexión
especialmente flexible, les suele preocupar mucho que no llegan a jodan,
y creen que esto puede suponer un problema grave en su evolución. Pues
bien, en los sistemas tradicionales de karate, primaban más la fuerza,
la velocidad y la resistencia, fundamentalmente porque estaban enfocados
a la autodefensa y se buscaban principalmente técnicas que tuviesen
poco riesgo en ser respondidas por el oponente y que sorprendiesen a
dicho rival. Es por esta razón por la que las espectaculares patadas a
la cara con giros o saltos que casi todo el mundo quiere hacer,
raramente se utilizaban, y dejaban paso a otro tipo de tecnicas más
directas y dirigidas a zonas más bajas como por ejemplo las rodillas o
las costillas.
No obstante, tener una buena flexibilidad nos
ayuda muchas veces a sufrir menos lesiones, ya que previene contracturas
o tendinitis, nos facilita recuperarnos de la fatiga muscular y mejora
nuestra capacidad para realizar movimientos en los que intervienen las
articulaciones, siendo por tanto los ejercicios destinados a mejorarla
un trabajo interesante para cualquier artista marcial.
Los niños son los que tienen mayor flexibilidad,
seguidos por las mujeres, ya que la flexibilidad es una cualidad que con
la edad se va perdiendo. Cuando somos niños menores de 14 años, es
cuando más tenemos y más fácil es trabajarla, a partir de los 30 años y
si no se ha trabajado anteriormente, el trabajo se hace mucho más
complicado y cuesta mucho adquirirla. Sin embargo si se trabaja con
constancia y dedicación, suele ser un trabajo muy agradecido que nos
muestra en seguida una evolución, evolución que por otra parte es facil
perder en el momento en que abandonamos nuestros asiduos entrenamientos.
La genética tiene también algo que decir en este
punto, y es que hay individuos que vienen ya de fabrica con una especial
flexibilidad. Sin embargo no siempre una gran flexibilidad es algo
positivo, ya que una hiperlaxitud extrema puede hacer los tejidos más
frágiles, sensibles igualmente a lesiones y provocar dolor.
Por la mañana nuestra flexibilidad es mínima y se
va incrementando hasta que al mediodía alcanza su punto máximo y a lo
largo de la tarde va decreciendo hasta la noche.
Antes de trabajar los ejercicios destinados a
mejorar tu flexibilidad deberías realizar un calentamiento progresivo y
suficiente, de al menos 5 ó 10 minutos, además de asegurarte de que la
sala o el lugar donde vas a realizar los ajercicios tiene una
temperatura adecuada, no siendo recomendable una temperatura por debajo
de los 18º C , aunque podemos ejercitarnos en lugares frios con una
buena equipación que nos mantenga calientes o haciendo un calentamiento
más intenso.
Nosotros trabajamos la flexibilidad en todos
nuestros entrenamientos de karate y algunos miembros la trabajamos
también fuera de estos en otras actividades complementarias como por
ejemplo con ejercicios de yoga, aquagym o pilates.
Lo ideal es comenzar el trabajo de flexibilidad
con unos ejercicios generales y pasar despues a otros más específicos
enfocados al deporte en concreto que vamos a entrenar, en este caso
karate. Después del entrenamiento de karate también hay que dedicar un
tiempo a enfriar de nuevo el cuerpo y a estirar nuestros músculos de
posibles sobrecargas, además el trabajo de flexibilidad despues del
entrenamiento es mucho más efectivo. Un 15% del tiempo de nuestra sesión
de entrenamiento como mínimo debería estar destinado a realizar este
tipo de ejercicios de flexibilidad.
Para trabajar la flexibilidad es importante
mantener una actitud relajada, controlando que la respiración sea lenta y
que mantenga un ritmo. Los ejercicios deben alternarse con otros de
relajación y no se deben forzar estiramientos extremos que lleven al
dolor para no correr el riesgo de provocar microroturas o lesiones. Hay
quien defiende que no se puede ganar flexibilidad sin dolor, pero
podemos dar fe con nuestro propio ejemplo de que esto no es
necesariamente así y que puede hacerse sin arriesgar tanto, el truco
esta en llegar hasta ese punto donde sentimos un ligero dolor, tensión o
molestia y no sobrepasarlo.
La técnica FNP, desarrollada por fisioterapeutas,
muy efectiva y que debería ser supervisada por un profesional de forma
personalizada, si implica un mayor dolor muscular, pero no será la que
tratemos aqui por tratarse de un tipo de trabajo que requiere de más
control, cuidado y conocimientos.
Al principio, si no tienes una buena flexibilidad
habrá muchos ejercicios que te resultarán difíciles de ejecutar. No te
agobies, hazlos en la medida de tus posibilidades, si no llegas al
objetivo que se marca en un ejercicio concreto, tal y como te
mostraremos en algunas fotografías, establece otros objetivos
intermedios hasta que vayas ganando flexibilidad y puedas realizar otros
más complejos.
Para que veas resultados no es obligatorio hacer
tus ejercicios de flexibilidad a diario, pero si al menos trabajar tres
días a la semana.
Para los ejercicios estáticos, mantendremos una
postura con el músculo en extensión de 10 a 30 segundos, sin rebotes.
Luego relajaremos de 2 a 3 segundos y procederemos a repetir la
extensión nuevamente de 10 a 30 segundos intentando esta vez flexionar
un poco más, siempre y cuando no produzca dolor.
En los ejercicios en los que inclinamos la
espalda, hay que cuidar de mantener esta lo más recta posible con la
cabeza como una prolongación de esta.
Ni que decir tiene que si estas lesionado no debes
realizar estos ejercicios sin consultar previamente con tu médico, ya
que podrías empeorar su estado y si durante los ejercicios de
flexibilidad te haces daño para inmediatamente y no insistas en realizar
un ejercicio que podría lesionarte.